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COMENTARIOS DE LOS EXPERTOS

Standoff. Repercusiones

ILYA KRAMNIK,
RIA NOVOSTI

The White BookRusia ha dado por terminada la operación de implantación de la paz en el territorio de Osetia del Sur, Abjasia y Georgia. Los líderes políticos del país y los mandos militares han anunciado la retirada de las tropas de la zona del conflicto. Todavía es muy temprano para hablar del fin del conflicto entre Georgia y las repúblicas no reconocidas, pero los resultados de la operación militar de Rusia ya se pueden resumir. Asimismo, se pueden analizar los resultados de algunos procesos que tienen lugar en el mundo y considerar sus posibles evoluciones futuras.
 

Por tanto, las contradicciones que han venido surgiendo entre Rusia y Occidente, especialmente los Estados Unidos, desde los últimos años de los 90, han salido a la superficie. Han caído las máscaras de las actitudes políticamente correctas y la cooperación en la guerra global del terror. Lo que presenciamos es el inicio de una espiral nueva en la historia: la historia de la confrontación entre dos superpotencias, cada una de las cuales intenta construir el mundo a su conveniencia. Como toda avalancha, esta también empezó con un copo de nieve: el esfuerzo de Georgia de establecer el "orden constitucional" en Osetia del Sur. Esa operación merece una mirada más profunda.El amplio término "establecer el orden constitucional" puede siginificar cosas diametralmente opuestas según la coyuntura história.

Sin embargo, hay algunas características básicas comunes en cada operación que ostenta ese nombre. ¿Hasta qué punto la operación de Georgia de restablecer el orden constitucional en Osetia del Sur cumple con esas características? La primera característica es el fuego selectivo contra unidades armadas ilegales y la reducción del número de víctimas mortales entre los civiles. Obviamente esa operación no cumple los requisitos: la artillería georgiana bombardeó Tsjinvali y las ciudades cercanas y se sabe de numerosos casos de asesinatos y violencia contra civiles.

La segunda e igualmente importante característica es el componente humanitario, es decir, el compromiso para el restablecimiento de la ley y el orden y la protección de la vida de los civiles en la zona de combate, lo que incluye montar en la zona centros médicos, hospitales de campaña y crear reservas de comida, agua y otras necesidades esenciales para aliviar el sufrimiento de los inocentes civiles durante la operación militar. Georgia no hizo nada de eso. En definitiva, las acciones de Georgia antes y durante la invasión de Osetia del Sur dejan ver que el objetivo del gobierno georgiano era exterminar la población no georgiana de Osetia del Sur o hacer que se fuera a Rusia. En el marco del Código Criminal ruso, acciones de ese tipo son calificadas de genocidio.

Es más, Georgia al abrir fuego contra el contingente de paz ruso violó directamente el derecho internacional y, lo que es más, en la acción participaron miembros de las fuerzas de paz georgianas. Basándose en esas características combinadas, la respuesta rusa al bombardeo y posterior invasión por parte de las tropas georgianas, iniciada en las primeras horas del 8 de agosto, estaba absolutamente legitimada: unidades del ejército 58 del Distrito del Cáucaso del Norte fueron en ayuda del ejército de paz. Según la información disponible, el 8 de agosto empezaron los ataques aéreos contra las tropas georgianas. Muchos expertos militares insisten en que, sin esos ataques, los milicianos de Osetia del Sur no hubieran rechazado la primera ofensiva en Tsjinvali.

Después del mediodía, el ejérrcito de tierra ruso comenzó a desplegarse por la zona de la ciudad y las primeras fuerzas de maniobra se acercaron a Tsjinvali y se involucraron en el enfrentamiento.

Un "reparto de papeles" adquiría forma: los enfrentamientos en ciudades y pueblos se daban entre milicianos locales y voluntarios, mientras que las tropas rusas sólo se involucraban contra grupos armados georgianos relativamente grandes, lo cual era más que una lucha contra la milicia. Rusia también asumió la responsabilidad de suprimir la artillería georgiana y la fuerza aérea rusa golpeó la infraestructura logística de Georgia. Las unidades especiales rusas asumieron la misión de contrarrestar los asaltos de los comandos. Según la información disponible, las unidades especiales rusas impidieron a los saboteadores georgianos volar el túnel de Roki, principal conexión entreRusia y Osetia del Sur.

La destrucción del túnel podría haber complicado las operaciones enormemente ya que los otros caminos no cubren las necesidades. Los enfrentamientos en la zona de Tsjinvali duraron tres días y tres noches, transcurridos los cuales la artillería georgiana o bien estaba destruida o había abandonado las posiciones desde donde bombardear la ciudad, y las tropas georgianas se habían retirado de la ciudad. Durante la operación el ejército ruso se sometió a varias restricciones políticas que le impidieron el uso de armas pesadas contra zonas habitadas, lo que limitó su capacidad de neutralizar la agresión de la artillería.

Durante la operación, hasta el 12 de agosto inclusive, las fuerzas aéreas rusas bombardearon la infraestructura militar georgiana para impedir que las Fuerzas Armadas continuaran la guerra. La Marina participó también en la operación: un grupo de barcos de la flota del Mar Negro patrullaba las costas de Abjasia y Georgia. El 11 de agosto el ejército georgiano había dejado de existir como fuerza organizada: imágenes del vuelo de las tropas georgianas desde Osetia del Sur, Gori y otras zonas se veían en todo el mundo. Las tropas se escaparon al sur, principalmente a la zona de Tiflis, abandonando sus vehículos y equipamientos. Mientras tanto, las Fuerzas Armadas rusas, junto con unidades abjasias y suroestias, se involucraron en enfrentamientos dentro de la propia Georgia, haciéndose con el armamento abandonado y destruyendo todo lo que quedaba de la infraestructura militar.

El 12 de agosto, Dmitry Medvedev anunció que se daba por terminada la operación. La Guerra de los Cinco Días reveló las fuerzas pero también las debilidades del ejército ruso. Por una parte, el despliegue rápido, la manera metódica y planificada en que destruyó la artillería e infraestructura georgianas, el éxito de las acciones anti-sabotaje y la rápida desintegración del ejército georgiano hablan a favor del mando militar ruso y el personal de todos los niveles. Por otra parte, han salido a la luz algunos defectos: los sistemas antiaéreos georgianos y las fuerzas aéreas no están totalmente neutralizados, las unidades del ejército carecen de armas y vehículos modernos y, obviamente, las comunicaciones eran obsoletas. El mando militar ruso admitió algunos de esos defectos: el coronel general Nogovitsyn, quien cubría las acciones rusas para la prensa durante la operación, admitió que la pérdida de un bombardero Tu-22MR había sacado a la luz defectos en el entrenamiento del personal de las fuerzas aéreas. Paralelamente a la operación militar se desarrolló una guerra informativa y diplomática, ya que los representantes rusos ante la ONU y la OTAN, Vitaly Churkin y Dmitry Rogozin, el ministro de Exteriores ruso Sergei Lavrov y el Primer Ministro y el Presidente de Rusia aparecieron en las cadenas de televisión defendiendo la postura de Rusia y corroborando sus acciones. Combinado con la postura casi unánime de la prensa rusa, le permitió a Rusia evitar la misma derrota rotunda en la guerra de la información que lleva sufriendo los últimos 20 años.

Rusia contaba con defensores incluso en Europa del Oeste. De hecho, sólo Estados Unidos, Reino Unido y algún país de Europa del Este ofrecieron su respaldo incondicional a Georgia, y ese respaldo no fue más allá de palabras de simpatía y exigencias de que los rusos retiraran inmediatamente sus tropas. Es decir, el Oeste demostró al mundo entero que no estaba unificado ante una cuestión tan fundamental como "la defensa de la joven democracia."

Una nueva realidad geopolítica surgió: un bloque - aunque uno de carácter temporal - de Rusia y Europa del Oeste (Alemania, Francia, Italia y en parte España) contra los Estados Unidos y los países de Europa del Este. Hasta el adversario geopolítico tradicional de Rusia, Turquía, le expresó su apoyo a Rusia. El líder turco, cuyo viaje a Moscú fue por las negociaciones, respaldó los esfuerzos de Rusia por restaurar la paz en la zona. Informes posteriores dicen que Turquía se había negado a permitir la entrada de buques de guerra americanos en el Mar Negro.

Pero a pesar de los éxitos, Rusia no puede estar orgullosa de haber ganado la guerra de la información: el flujo de información de la parte contraria era demasiado fuerte. Se puede decir que el resultado de la guerra de la información ha sido más bien un empate. Es dificil predecir la evolución de la situación. Las posiciones de los principales rivales en la arena mundial - en este caso sin lugar a dudas, Rusia y los Estados Unidos - parecen irreconciliables. Rusia busca el reconocimiento de la independencia de Osetia del Sur y Abjasia y una investigación criminal iniciada por las Agencias de Orden Público sobre denuncias de genocidio implica la responsabilidad de aquellos de la parte georgiana, incluidos sus líderes, que emprendieron la operación. Algunos países vecinos también se vieron involucrados en el conflicto: Ucrania, donde hay signos de una profunda crisis política, es uno de ellos. Aun reconociendo que cualquier previsión sobre esta situación inestable seguramente sería inexacta y probablemente errónea, uno puede intentar adivinar las posibles direcciones de la evolución de la situación. Estas dos semanas pasadas, obviamente, han cambiado radicalmente el mundo: la contradicción entre Rusia y Estados Unidos, durante mucho tiempo encubierta detrás del velo de lo políticamente correcto, ha salido a la luz. Ni Rusia ni Estados Unidos tienen la intención de ceder terreno, lo cual sugiere una nueva espiral de Guerra Fría y una confrontación global entre las dos potencias desde el espacio post-Soviético hasta América Latina.

El hecho de que el sistema de defensa con misiles de los EEUU se dirija contra Rusia se ha hecho más obvio después de la apresurada aceptación por parte de Polonia del despliegue de misiles interceptores de EEUU a cambio de un sistema de defensa aérea moderno que la protegería contra una hipotética agresión rusa. A su vez, los oficiales rusos reiteraron la amenaza de que en caso de conflicto, los sitios de despliegue de estos misiles de defensa constituirían objetivos prioritatios. En cuanto a la zona, se podría esperar presenciar otro cambio de poder en Georgia en un futuro cercano. Mikheil Saakashvili, que ha perdido la guerra y cuyo comportamiento personal, desde luego, está muy lejos de poder ser calificado de impecable, ha perdido popularidad en su país y en Occidente. De todas maneras, no habría que albergar ilusiones acerca de la victoria de las fuerzas pro-Rusas: su posición actual en la sociedad georgiana es demasiado débil como para esperar un éxito inmediato.

También sería posible ver el desmantelamiento de la CIS en su forma actual, ya que los aliados de Rusia probablemente estrecharán su cooperación dentro de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) y la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), que pronto podrían contar con nuevos miembros.

agosto 20


SSaakashvili castigado, los EEUU humillados

JAN CARNOGURSKY,
FOR RIA NOVOSTI

Jan Carnogursky fue primer viceprimer ministro de Checoslovaquia en 1989-1990, primer ministro de Eslovaquia en 1991-92 y ministro de justicia de Eslovaquia en 1998-2002 El polvo del ataque de Georgia contra Osetia del Sur y lo que le siguió se asienta lentamente y ya se pueden evaluar los primeros resultados.

Al agredir contra Osetia del Sur, Georgia violó el derecho internacional en la forma adoptada en el Tratado entre Rusia y Georgia firmado en Sochi el 24 de junio de 1992. El Tratado estipulaba el alto el fuego entre osetios y georgianos en Osetia del Sur y zonas contiguas. La causa o, por lo menos, la intensificación del conflicto se debe a la decisión que tomó en 1991 el presidente de Georgia, Zviad Gamsakhurdia, de abolir la autonomía de Osetia del Sur dentro de Georgia. Es más, Georgia había declarado una guerra local en Abjasia, también privada de su autonomía, y en Adjaria. Eran demasiadas las guerras declaradas para una tan recientemente independizada Georgia.

El ejército georgiano tuvo que retirarse de Osetia del Sur y Abjasia para dar paso a un contingente mixto ruso-georgiano de mantenimiento de la paz desplegado en la línea del alto el fuego. En 1994 se firmó un acuerdo de alto el fuego con Abjasia. Ambos acuerdos fueron aprobados por el Consejo de Seguridad de la ONU y pasaron a formar parte del derecho internacional. Mikheil Saakashvili rompió el acuerdo con Osetia del Sur cuando ordenó la agresión de las tropas georgianas. Georgia violó también principios humanitarios y morales. La ciudad de Tsjinvali está situada en un valle rodeado de cerros bajos.

El ejército georgiano, entrenado por Estados Unidos, tomó posición en los cerros. El 7 de agosto, a última hora de la noche, y en las primeras horas del día 8, atacó la ciudad con artillería y tanques y - de una manera excesivamente cruel - con cohetes Katyusha modernizados, llamados Grad. Incluso antes del ataque bombardearon pueblos cerca de la frontera con Georgia desde el territorio georgiano. Osetia del Sur tuvo que sacar a niños y mayores de esas zonas casi una semana antes de la ofensiva. Muchos pueblos osetios fueron totalmente arrasados. En Tsjinvali no quedó ni un sólo edificio intacto.

Tsjinvali era una ciudad pacífica sin instalaciones militares. La ofensiva georgiana se puede considerar un ataque contra civiles. Según datos rusos y osetios, más de 2.100 personas, principalmente civiles, resultaron muertas por la agresión georgiana. Si a esas cifras se le añade el grado de devastación de la ciudad , nadie puede desmentirlas. Semejante número de víctimas mortales lleva a uno a calificarlo de crimen de guerra. Los osetios siempre se han considerado a ellos mismos un pueblo aparte de los georgianos. Ambas naciones son cristianas y en 1801, por voluntad propia, se integraron en el Imperio ruso. Hasta el siglo XVIII los reprimían los imperios musulmanes de Turquía y Persia.

En la Unión Soviética Osetia, del Sur formaba una autonomía dentro de Georgia. La tónica de la campaña electoral de Mikheil Saakashvili fue la restauración de la integridad territorial de Georgia, es decir, la ocupación de Osetia y Abjasia. El ataque georgiano tenía como objetivo la ocupación rápida de Osetia del Sur, llegar a un "hecho consumado", seguido de negociaciones prolongadas que no llevarían a ninguna parte.

Los osetios se escondían del ejército georgiano en sótanos y huían a Rusia masivamente. Nadie salvo el ejército ruso podía detener los planes de Georgia para la ocupación de Osetia del Sur y proteger a los osetios. El ejército ruso lo hizo y lo hizo con eficacia. No bastaba con hacer retroceder al ejército georgiano más allá de la línea de alto el fuego. El ataque podía repetirse.

Por razones de táctica militar, el ejército georgiano debía retirarse hacia interior del país. El ejército ruso lo logró con eficacia. Desde Centroeuropea es dificil juzgar las operaciones concretas o los movimientos de las unidades rusas en el territorio georgiano. Pero no tiene ningún sentido. Por regla general, la respuesta militar rusa a la ofensiva georgiana en Osetia del Sur fue justificada y proporcionada. Los políticos occidentales y nuestros medios han utilizado dobles raseros en cuanto a la evaluación del conflicto de Osetia del Sur. Hagamos algunas comparaciones al respecto.

Nuestros medios de información todavía culpan a los serbios de la liquidación de la autonomía de Kosovo en 1989. Sin embargo, casi nada habla sobre la abolición de la autonomía de Osetia del Sur en 1991. Slobodan Milosevic fue llevado al Tribunal de la Haya por el bombardeo de Sarajevo y Vukovar, y cuando se detenga al General Ratko Mladic esa será, sin lugar a dudas, una de las acusaciones en su contra. Nuestra prensa no dice nada sobre la orden de Saakashvili de bombardear Tsjinvali con sistemas multilanzamisiles Grad. La secesión de Kosovo y su independencia las han reconocido la mayoría de los países de Occidente, que, sin embargo, consideran el ataque de Georgia a Osetia del Sur como una medida legítima para el restablecimiento del orden constitucional en Georgia. Los albaneses desalojaron a los serbios de Kosovo después de los ataques aéreos de Occidente y aquellos serbios todavía no pueden volver a sus casas. Los líderes y los medios occidentales no dicen nada de eso.

A los soldados holandeses que desempeñaron la misión de mantenimiento de paz en Srebrenica todavía, y con razón, se les acusa de no conseguir proteger a los musulmanes. Cuando los soldados rusos reaccionaron a la violación de la paz por parte de Georgia, protegieron a los osetios y restablecieron la paz, se calificó a la misión de agresión. Cuando más de 2.100 civiles murieron a consecuencia de la agresión georgiana , los medios simplemente dijeron que "la orden de Mikheil Saakashvili de bombardear Tsjinvalii fue obviamente un error o un movimiento insensato" (Peter Schutz). El presidente georgiano agredió contra Osetia del Sur porque contaba con el apoyo americano. Al fin y al cabo, los Estados Unidos han entrenado a su ejército, aparte de armarlo abiertamente desde 2002.

El presupuesto militar de Georgia ha aumentado 30 veces desde 2002. Ante la respuesta inmediata del ejército Ruso, los EEUU no fueron capaces de reaccionar. Hasta Turquía, aliado de América y miembro de la OTAN, se puso del lado de Rusia. EEUU quiere expulsar a Rusia del G8 y bloquear su adhesión a la Organización Mundial de Comercio. Pero esas organizaciones necesitan a Rusia más de lo que ella las necesita. Rusia tiene los recursos naturales más ricos a nivel mundial y será capaz de utilizarlos exclusivamente conforme sus propias reglas.

Uno podría sentir cierta tristeza al escribir sobre la decadencia de la política exterior de Estados Unidos. EEUU defendió a Europa del comunismo y el autor podría escribir con respeto sobre eso. El error más trágico es la intención de meter a Georgia en apuros para entrar en la OTAN. Si Georgia vuelve a agredir a Osetia del Sur y a Abjasia y bombardea ciudades y pueblos con lanzadores de misiles Grad y el ejército ruso interviene otra vez en su defensa, ¿nuestros soldados admitirán estar de parte de Georgia? En este caso, les aseguro que los comentaristas actuales serán los primeros en ir a luchar con el ejército ruso: por ejemplo, los comentaristas eslovacos del periódico SME y comentaristas checos de MF Dnes, Lidove Noviny, Respekt y Reflex.

Es hora de que Occidente aprenda a ver la realidad

ALEXANDER KHRAMCHIKHIN,
ALEXANDER KHRAMCHIKHIN, JEFE DEL DEPARTAMENTO DE ANÁLISIS, INSTITUTO DE ANÁLISIS POLÍTICOS Y MILITARES, PARA RIA NOVOSTI

Desgraciadamente, después de sacar la conclusión de haber ganado la Guerra Fría (que a su vez es una falsa ilusión) Occidente ha llegado a considerarse infalible y se ha convencido de que sólo su propio sistema político tiene el derecho de existir. Se ha autoproclamado "jefe del mundo" y "mundo civilizado". Declara que todo desacuerdo con su postura "desprecia la libertad y la democracia". Ese comportamiento en sí dista mucho de los principios de libertad y democracia.



Occidente se niega rotundamente a admitir que Rusia, en relación con Osetia del Sur y Abjasia, actúa de la misma manera que el mismo actuó en la cuestión de Kosovo. Hasta la retórica es igual.

Occidente parece convencido de que el caso de Kosovo es "único" y no puede servir de precedente para otros países no reconocidos. Cualquier observador imparcial puede ver que la afirmación de Occidente de que Kosovo es un "caso único" carece de fundamento, puesto que el caso es cualquier cosa menos único. El Kremlin ve Kosovo, así como las "revoluciones de colores" en los países de la CIS, como parte de la tendencia de Occidente a expandir su esfera de influencia por todos los medios posibles. Por ejemplo, aunque las revoluciones en Ucrania y Georgia contaron con el apoyo popular en esos países, su legitimidad y ausencia de interferencia exterior son dudosas, por así decirlo de una manera suave. Las acciones de la OTAN en Yugoslavia en 1999 y la invasión de Iraq guiada por EEUU en 2003 son ejemplos clásicos de agresión militar tal y como se define en el derecho internacional.

La reacción rusa al progreso de la OTAN hacia el Este y el estancionamiento de la cosa de la defensa de misiles americanos en Europa del Este tiene algo de paranoico. Un observador imparcial no puede sino ver el debilitamiento progresivo de la OTAN como demuestran los recortes continuos de la fuerza de sus tropas, pero, lo que es más importante, la creciente desgana de los europeos por luchar. Así y todo, Moscú ve esas acciones de Occidente como una expansión de su esfera de influencia. Pero en todo caso es Occidente, finalizada la Guerra Fría, quien ha ignorado completamente el derecho internacional y busca expandir su esfera de influencia valiéndose de todos los medios disponibles. Naturalmente, el Kremlin ha llegado a la conclusión de que esa es la manera más efectiva de hacer política. Moscú no toma en serio la retórica de Occidente sobre el establecimiento de la libertad y la democracia. Por ejemplo, en Europa del Este la democracia se estableció independientemente de la adhesión de esos países a la OTAN y la UE.

Y uno debe haber perdido todo contacto con la realidad para calificar al actual Kosovo y a Iraq de países democráticos. Incluso en Ucrania, más democrática que Rusia, muchos ven la democracia como una ola de corrupción y caos político. Seguro de sí mismo y de que sus actuaciones son siempre correctas e infalibles, Occidente no es capaz de evaluar bien la situación en el espacio postsoviético. Sigue manteniendo la idea de que en el Imperio ruso y en la URSS, los rusos eran los ocupadores y opresores de aquellos otros que siempre soñaban con liberarse del yugo imperial. Pero tal interpretación de la historia no siempre es válida, por decirlo así de una manera suave.

Por ejemplo, abjasios y osetios consideran invasores a los georgianos y no a los rusos. Los conflictos continuos en esa región en los últimos años de los 80 fueron provocados por Tiflis y no por Moscú. Abjasios y osetios se niegan rotundamente a ser parte de Georgia (exactamente igual que los kosovares no han querido formar parte de Serbia). En general, es dificil entender por qué Georgia ha ejercido su derecho a separarse de la URSS mientras que Abjasia y Osetia del Sur no tienen el derecho de separarse de Georgia. Y ¿por qué las fronteras trazadas (frecuentemente de manera arbitraria) por los líderes comunistas soviéticos deben considerarse sagradas? En particular, ¿por qué los osetios deben permanecer divididos para siempre?

Las fronteras artificiales soviéticas crearon serios problemas a casi la totalidad de los estados de la ex Unión Soviética. Rusia, sin duda, debería ser más pequeña que la URSS pero más grande que la actual Federación Rusa. Por tanto, la política actual de Moscú no obedece a proyectos estratégicos imperiales a largo plazo. Se debe, en parte a la necesidad de ofrecer una respuesta de emergencia inmediata, en parte al deseo de copiar las acciones de Occidente con la convicción de que el Oeste hoy día no puede afectar a Rusia y, por último, a los procesos objetivos que se están produciendo en el espacio postsoviético.

Rusia no es el cerebro de los conflictos; la totalidad de los conflictos post-soviéticos tienen sus raíces en el período cuando todavía no existía la Rusia moderna. Otro fallo, quizás el más grave de Occidente, es identificar a la Rusia actual con la URSS, percibiéndola como la perdedora de la Guerra Fría, un país que debería comportarse como derrotado y abstenerse de sus intereses objetivos. En realidad, la Rusia actual ha surgido como una negación política de la URSS. De ninguna manera es el derrotado. Fue una fuerza estabilizadora, clave en el espacio postsoviético de los 90.

El fracaso de Occidente a la hora de reconocer esos factores provocó en Rusia cierta nostalgia psicológica por los tiempos soviéticos y surgieron elementos de comportamiento político de dicho estilo. La política de Occidente parece no medir por el mismo rasero, aparte de dominar en ella la hipocresía y la absoluta falta de voluntad a hacer caso al enemigo, todo ello combinado con una capacidad militar limitada y una voluntad política muy débil.

Por tanto, no parece muy evidente que consiga influir de manera eficaz en la política de Rusia y otros países poderosos (China, India, Irán, etc), especialmente desde que las acciones de Rusia en los países de la CIS han conseguido importante apoyo entre grandes sectores de sus poblaciones. No sólo abjasios y osetios sino la gran mayoría de los pueblos de Crimea recibiría a las tropas rusas no como a invasores sino como a liberadores. No obstante, Occidente no ve más que las ambiciones imperiales de Moscú.

La diferencia entre los "halcones" y las "palomas" es que los primeros quieren forzar a Rusia a renunciar a sus ambiciones mientras que las segundas quieren persuadirla de que haga lo mismo. Ninguno de los dos parece querer entender que la situación es mucho más compleja .

agosto 30

 
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